lunes, 19 de febrero de 2018

CIGARRILLOS ELECTRÓNICOS: MODA PELIGROSA PARA LOS ADOLESCENTES





Un 17% de jóvenes de entre 14 y 18 años ha fumado un cigarrillo electrónico en el último mes


LaVanguardia.com
“Es bastante preocupante”, afirma Esteve Fernández, director de la Unidad de Control del Tabaco del ICO (Instituto Catalán de Oncología). Para el doctor Fernández, esta tendencia es especialmente grave por lo que significa: “una puerta de entrada clara al tabaquismo comprometen la ‘desnormalización’ del tabaco conseguida tras muchos años de trabajo”.
Por un lado, los datos muestran una clara relación entre el consumo de cigarros electrónicos y el tabaquismo. “Algunos no han fumado nunca pero, en cambio, sí que han consumido cigarrillos electrónicos”, explica el director de la Unidad Contra el Tabaco. En concreto, un alarmante 15% de los jóvenes que nunca han fumado tabaco, confiesan haber utilizado estos dispositivos electrónicos.
“Esto nos alarma ya que puede indicar que se trata de una puerta de entrada al tabaquismo. Tenemos jóvenes que saben que el tabaco es malo, pero piensan que esto no lo es tanto. Se enganchan a la nicotina y luego pasan a fumar cigarros convencionales”.
El riesgo de caer en el tabaquismo a través de los cigarros electrónicos es elevado
El riesgo de caer en el tabaquismo a través de los cigarros electrónicos es elevado (Carpe89 / Getty Images/iStockphoto)
Una tendencia que se ha podido confirmar en países como Estados Unidos o Inglaterra, donde existen estudios longitudinales –aquellos que han seguido al mismo grupo de jóvenes durante varios años- en los que se ha podido comprobar que aquellos adolescentes que consumían cigarros electrónicos a los 12 o 13 años fueron, en gran medida, fumadores de tabaco convencional años más tarde.
Por otro lado, preocupa el hecho de que este consumo extendido de los cigarros electrónicos contribuya la normalización, de nuevo, del tabaco. “Habíamos logrado que nos pareciese normal no fumar en un restaurante, pero la ley ahora permite hacerlo con estos cigarrillos y podemos acabar con un trabajo que ha costado muchos años”, avisa el doctor Fernández.

Esta moda preocupa porque supone una puerta de entrada al tabaquismo y normaliza de nuevo su consumo

Los cigarrillos electrónicos se rigen por la misma normativa que la antigua ley del tabaco. Es decir, que no está permitido su uso en espacios como colegios y hospitales, pero si en bares y restaurante, por ejemplo. El hecho de ver gente fumando cigarros electrónicos en espacios como estos da una falsa imagen de inocuidad del producto. “Incluso hay algún padre que me ha dicho que ven mejor que sus hijos fumen esto a tabaco normal”, explica sorprendido el director de la Unidad de Control del Tabaco.
“Es un error decir que no hacen nada los cigarros electrónicos”, asegura tajante. Y es que a pesar de que muchos jóvenes piensen lo contrario por la gran variedad de sabores que ofrecen (fresa, menta, gin tonic, café, incluso los hay con sabores tan sorprendentes como donut), siguen siendo perjudiciales para la salud. “El 90% llevan nicotina a pesar de la baja percepción del riesgo” que tienen estos menores.
Al tratarse de un producto relativamente nuevo, aun no se conocen en profundidad todos los efectos que puede tener en nuestra salud. Sí que asegura que no son tan inocuos como se piensa: “Sabemos que no son lo que nos explicaron. No es solo vapor de agua, están compuestos por muchos otros compuestos que pueden ser tóxicos”.
En este sentido, algunos experimentos realizados han demostrado que aquellos que convivían con personas que fumaban cigarrillos electrónicos en sus casas “tenían sustancias nocivas en sus organismos, lo que demuestra que los fumadores pasivos también están en riesgo”, explica el doctor Fernández.

Sabemos que no son lo que nos explicaron. No es solo vapor de agua

El director de la Unidad de Control del Tabaco del ICO recuerda que estos cigarros contienen sustancias que no tienen los convencionales como pueden ser “los metales derivados del dispositivo electrónico, que se mezclan con el agua”. “Hay estudios que han encontrado metales en los pulmones de estos fumadores”, afirma y añade otro elemento que podría ser peligroso para la salud: “Lo que le da sabor son aromas alimentarios que no sabemos qué efectos tienen en los pulmones”.
Reconoce que los efectos no son tan graves como los que produce el tabaco: “Sí que es menos nocivo, pero casi cualquier cosa es menos nociva que el tabaco”, sentencia y advierte: “Falta tiempo para saber los efectos que tendrá en la salud. Pasa igual que con el tabaco en los años 70, se desconocían todos los problemas que podía causar”.
Esteve Fernández asegura que es primordial potenciar la comunicacióncon los alumnos por parte de padres y educadores para concienciar de los peligros de esta nueva moda. En este sentido, organismos de salud como la Agencia de Salud Pública de la Generalitat de Catalunya han enviado circulares a los centros educativos para repartir entre los alumnos y padres.

sábado, 17 de febrero de 2018

MÁS MOTIVOS PARA RETRASAR EL CONSUMO DE ALCOHOL



Dr. José Manuel Lerma Cabrera

Motivos por los que es importante retrasar el consumo de alcohol en los adolescentes

  • Por José Manuel Lerma Cabrera
  • 15 febrero 2018
Desde el punto de vista del coste personal y social, el alcohol es la droga más perjudicial por delante de la heroína y la cocaína convirtiéndolo en un gran problema de salud pública en todo el mundo. Algo preocupantes es que más del 75% de los adolescentes de 14-18 años han consumido alcohol alguna vez en su vida y 1 de cada 3 se ha emborrachado en el último mes. Sin embargo, pocos tienen la percepción de que consumir alcohol en grandes cantidades durante el fin de semana puede ocasionarles problemas de salud. Por este motivo, las estrategias de salud pública deberían focalizarse en la salud de jóvenes y adolescentes, prestando especial atención al consumo de alcohol.
Lo primero que debería considerarse es que el cerebro de los adolescentes está aún “en construcción”. Durante este período tienen lugar procesos de mielinización y poda sináptica que están influidos en gran medida por nuestras experiencias e interacciones con el entorno, incluyendo el alcohol y/o otras drogas que decidimos tomar. Los circuitos cerebrales involucrados en la emoción, la toma de decisión y el control inhibitorio son los que más tardan en desarrollarse, lo que podría explicar la propensión de los adolescentes a actuar impulsivamente, a tener comportamientos de riesgo y a no considerar las consecuencias de su comportamiento. Además, dado que las drogas de abuso y el alcohol interactúan con algunos neurotransmisores que son esenciales para el desarrollo del cerebrola exposición a estas sustancias a temprana edad puede alterar significativamente el curso del desarrollo cerebral. De hecho en la última década, los estudios de neuroimagen estructural han mostrado que el consumo de alcohol en la adolescencia provoca una reducción del volumen de diferentes estructuras cerebrales como el hipocampo, la corteza temporal o el cortex prefrontal.
En segundo lugar, si analizamos mediante pruebas neuropsicológicas el impacto del consumo de alcohol sobre el funcionamiento cognitivo observamos que los adolescentes y jóvenes que consumen alcohol presentan dificultades en tareas cognitivas que evalúan memoria, atención, lenguaje o funciones ejecutivas. Resumiendo, el consumo de alcohol (y también de otras drogas) a temprana edad tiene efectos estructurales y funcionales sobre sistemas cerebrales implicados por ejemplo, en procesos de aprendizaje y memoria, en la motivación o en nuestro estado emocional. Cabe señalar que algunos de estos cambios fisiológicos pueden permanecer a largo plazo en algunos adolescentes.
Finalmente, hay que destacar que estudios epidemiológicos han demostrado que el inicio temprano en el consumo de alcohol aumenta hasta en diez veces la probabilidad de ser desarrollar una adicción en la adultez. Este hecho podría estar mediado en parte por dos hechos fundamentales. Por un lado, se sabe que los adolescentes tienen una mayor sensibilidad a los efectos placenteros del alcohol (por ejemplo, mayor euforia y desinhibición social) y por otro lado, una menor sensibilidad a los efectos negativos. Así, por ejemplo, los adolescentes necesitan beber muchas más cantidad de alcohol que un adulto para que aparezca la resaca. Algo especialmente preocupante, ya que la resaca es un mecanismo que impide el mantenimiento y la escalada en el consumo. Estas diferencias con el adulto hacen que los adolescentes puedan entrar en auténticas “autopistas” o trayectorias de consumo que pueden llevar al abuso o la dependencia en la adultez. Si a esto unimos, tal y como ya he mencionado, el hecho de que su cerebro aún no está “preparado” para medir las consecuencias del consumo de drogas de manera efectiva, encontramos una explicación a nivel neurobiológico de por qué esta etapa es considerada por la comunidad científica como un periodo crítico para la vulnerabilidad a la adicción.

Biobliografía:
Carvajal, F., Lerma-Cabrera, J.M. (2015). Alcohol consumption among adolescents: implications for public health. En: David Claborn (Eds.) Public Health, Intech, EEUU (ISBN 978-953-51-4103-7).
Pfefferbaum, A., Kwon, D., Brumback, T., Thompson, W.K., Cummins, K., Tapert, S.F., Brown, S.A., et al. (2017). Altered Brain Developmental Trajectories in Adolescents After Initiating Drinking. American Journal of Psychiatry, 31.
Squeglia, L.M., Gray, K.M. (2016). Alcohol and Drug use and the developing brain. Current Psychiatry Report, 18(5): 46.


martes, 6 de febrero de 2018

SIGUEN LOS ESTUDIOS CONTRA LA DEPENDENCIA DEL MÓVIL


Mamá, vivo enganchado al móvil

www.elmundo,es  5 de febrero 2018




La edad media en la que suelen tener el primer móvil es a los 10 años
A los 12 años el 88% de los niños ya tiene un móvil que le regalan sus padres
"No hay ninguna App que supere el abrazo o la sonrisa de nadie"


"Pásalo también al nuestro... ¿Te vas a conectar esta noche? 
Hablamos luego por el Snapchat..."

La conversación es real. Se trata de dos chavales de no más de 13 años que salen del colegio, tiran sus mochilas en un banco y cogen sus móviles de última generación antes que el bocadillo de la merienda. Abel y Marco (nombres ficticios para proteger su identidad) viven 'enganchados' al móvil. No lo ocultan ni se avergüenzan de ello. Son conscientes de que sin sus smartphones no serían los mismos. Son su oscuro objeto de deseo, su "tesoro", parafraseando a Sméagol y su anillo.
"El adolescente gracias al móvil está conectado a todo. El móvil está hecho de tal forma que engancha con mucha facilidad. El proceso de atención sostenida lo hace el aparato solo, por eso nos enganchamos, incluso los adultos. Para entenderlo, las App tienen un sistema de refuerzo como el de las máquinas tragaperras", explica la psicóloga Silvia Álava, especialista en Psicología Clínica y de Salud y en Psicología Educativa y autora del libro 'Queremos hijos felices'.
Según la última edición del informe PISA, el 69% de los adolescentes españoles admite "sentirse mal" si no tiene conexión a Internet y un 22% se conecta fuera de clase durante más de seis horas cualquier día de la semana. Entre 2012 y 2015, el porcentaje de estudiantes que utilizaban móviles con Internet en casa subió un 25%. Y cada vez son más jóvenes.
La edad media en la que suelen tener el primer móvil es a los 10 años, y va en descenso. Un dato revelador ya que hasta hace menos de una década el móvil sólo era para adultos, y adultos con elevado poder adquisitivo. Ahora, según una encuesta realizada por la Fundación para el Estudio, Prevención y Asistencia a las Drogodependencias (FEPAD), a los 12 años el 88% ya tiene un móvil que le regalan sus padres o algún familiar. Y en el 28,2% de los casos se los regalan sin que siquiera ellos lo hayan pedido.

Es una moda, una moda que ya empieza a plantearse como uno de los problemas de la era digital y de las nuevas tecnologías. "Cuando hablamos de un teléfono no es sólo un objeto para llamar es una aparato en el que te conectas con el mundo, donde tienen un uso ilimitado de Internet y también de la conexión con todos los amigos", afirma Álava.
"Si no están mis padres ahora cuando llegue a casa estamos un rato hablando por el grupo de WhatsApp, miro algunos vídeos, juego un rato y, si eso cuando lleguen mis padres hago los deberes porque si me ven toda la tarde con el móvil me montan una...", afirma Abel. "Yo primero hago los deberes y antes de acostarme le echo un ojo. Hay veces que me dan las tantas", reafirma Marco entre las risas y vaciles de su compañero.

Una cuestión de Estado

En Francia la 'adicción' de los adolescentes por los móviles se ha convertido en una cuestión de Estado, una cuestión de "salud pública" en palabras de Jean-Michel Blanquer, ministro de Educación.
No lo ha dudado, en septiembre de este año los teléfonos móviles estarán prohibidos en las escuelas e institutos para los niños menores de 15 años. Una medida extrema que afecta a las horas de recreo y, por supuesto, a las clases.
Los chicos y chicas se aíslan y la mayor parte de su comunicación la realizan a través del móvil. Comparten vídeos, imágenes, su día a día, pero sólo en las redes sociales, en los grupos de mensajería y a través del móvil.
"Es bueno que los niños no estén tan a menudo, o incluso nunca, delante de una pantalla con 7 años de edad (...) Su uso debe estar controlado", explicó Blanquer sobre la iniciativa francesa. Una iniciativa que en España ya han aplicado algunos centros, como, por ejemplo, el Instituto Torres Vicens, que prohibió el uso del móvil en el recreo a los alumnos de primero y segundo de la ESO para que hablasen entre ellos en los descansos.
"A nosotros no nos dejan usarlo en clase, pero en el recreo no nos dicen nada (...) Es una chorrada, yo sí que hablo con mis amigos. ¿Qué pasa que si lo hago a través del móvil es que no estoy hablando con ellos?", apunta Abel, molesto por lo que él llama "medidas exageradas" de padres y 'profes' "obsesionados".
Pero la realidad es otra. Según los datos de la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares" del Instituto Nacional de Estadística (INE), tres de cada cuatro niños de 12 años tienen teléfono móvil, la mitad de los niños de 11 años también y a partir de los 13 la tendencia se eleva hasta alcanzar el 93,9% en los de 15.
"Mi hija casi no habla con nosotros. Cuando llegamos por la tarde o está terminando las tareas o está con la Tablet o está con el móvil. Se lo regalamos cuando empezó a ir sola a los sitios como un medio para tenerla localizada y para que cuando lo necesitara se pudiera poner en contacto con nosotros. Tenía 13 años. Sin embargo, ahora el móvil se ha convertido en una parte de ella, como la ropa, las zapatillas o su mochila. Si se le olvida, que ya es raro, está todo el rato angustiada. Aunque suene duro es como una droga", afirma Ana P., madre de una adolescente de 16 años.
La imagen que proyecta Ana es la imagen que viven muchos padres a diario. Sus hijos viven 'enganchados' a sus móviles y, en parte, la culpa es de los progenitores. ¿Quién no ha ido a un restaurante y ha visto como un padre le da el móvil a su hijo pequeño para que vea los dibujos y coma tranquila? La imagen se repite una y otra vez.
La nueva vida digital ha proporcionado grandes beneficios, pero también grandes peligros, y uno de ellos es el uso excesivo de las nuevas tecnologías. Los niños se crían viendo a sus padres constantemente con el móvil, tablets u ordenadores. Si se ponen nerviosos o no se calman, se les da el móvil; cuando empiezan la edad adolescente se les regala uno para tranquilidad de los padres, para tenerlos localizados, para una emergencia... El problema es que se olvida el otro lado.
"Pensamos que tienen que tener un móvil por si les pasa alga, pero es que Internet está lleno de muchos más peligros que ir por la calle solos", apunta Álava.
¿Pero cómo se ha llegado a esto? Según la Guía para Padres y Educadores para prevenir y solucionar el abuso de móviles en adolescentes publicada por la FEPAD, el hecho de que los móviles dejaran de ser un objeto elitista para convertirse en un objeto que todo el mundo puede tener es una de las principales causas del aumento del uso de smartphones entre los jóvenes.
Los móviles han supuesto una gran mejoría en numerosas actividades sociales y económicas, y es en esta primera en la que los adolescentes juegan un papel clave.
Les proporciona autonomía de los padres y figuras autoritarias para definir "su propio espacio personal"; les da "prestigio e identidad". Lo 'tunean', quieren el mejor, el último modelo...; supone una "actividad de ocio", una forma de disfrutar del tiempo libre; fomenta el "establecimiento de relaciones interpersonales". Es decir, les permite mantener y expandir sus relaciones sociales. "Los mensajes cortos", por ejemplo, "les sirven para mantener activos los vínculos afectivos o de amistad", apunta la FEPAD.
Todo esto hace que el móvil se haya convertido en uno de los bienes más preciados entre los jóvenes. "Se producen verdaderas adicciones al móvil cuando se cumplen criterios como tolerancia, malestar por la privación, deterioro de relaciones personales, adquisición de hábitos conductuales insanos o desadaptativos", alerta la Guía de la FEPAD. "La fascinación que provoca el móvil en los adolescentes, la facilidad de su uso, la incitación social y comercial al consumo favorecen que, en ocasiones, se haga un uso excesivo o inapropiado, que puede llegar a ser problemático", avisa la Guía.
Los adolescentes realizan diariamente en torno a tres llamadas de voz, envíancuatro mensajes de texto10 llamadas perdidas y dedican 26,6 minutos aproximadamente al uso del móvil. Finalmente, la mayoría de ellos (62,9%) tiene encendido el móvil día y noche, lo que "disminuye la privacidad y autocontrol, mientras que favorece el abuso y dependencia", insiste la FEPAD.
La llamada generación i-Gen, aquellos nacidos entre 1995 y 2012, vive marcada por la invasión de los smartphones. "Los miembros de esta generación están creciendo con teléfonos inteligentes, tienen una cuenta en Instagram antes de comenzar la escuela secundaria, y no recuerdan un momento previo a Internet", aseguraba en agosto la psicóloga y profesora de la Universidad de San Diego,Jean M. Twengem, en un escrito publicado en la revista The Atlantic.
Para Twenge la incursión de los teléfonos inteligentes cambió radicalmente la vida de los adolescentes, sus comportamientos, sus interacciones, su salud mental. "No es una exageración describir iGen como estar al borde de la peor crisis de salud mental en décadas. Gran parte de este deterioro se puede atribuir a sus teléfonos", alertaba Twenge.

Hay que poner límites

Los adolescentes no son adultos y bajo esta premisa hay que tener claro que sus comportamientos y sus responsabilidades no son las mismas ni están al mismo nivel. Aprenden rápido, se frustran más y también disfrutan más, tienen mayor capacidad de motivación por las cosas que le gustan, pero también más apatía por las que no, y, por supuesto, su capacidad de juicio es menor. En resumen, su cerebro es inmaduro y hay que guiarles, darles pautas, y no dejar a su uso y disfrute y, por tanto, a su criterio el uso de herramientas que requieren un sentido de la responsabilidad alto. Es el caso de los móviles.

¿Qué reglas se deben poner?

  • Poner una hora para apagarlo, especialmente, por la noche. A la hora que se acuerde el teléfono se apagará. Hay que descansar y hay que hablar en familia.
  • Más que límites lo que primero que hay que hacer es invertir tiempo en ver qué está viendo el niño, qué en el móvil. Sentarse y hablar de las cosas que se pueden hacer y las que cosas no se pueden hacer. Especialmente, en el tema de las redes sociales.
  • No les tenemos que inculcar miedo, porque no funciona, pero hay que ser precavidos.
  • En clase, el móvil apagado. Es una distracción constante.
  • En lugares públicos donde pueda molestar debe estar apagado o en silencio.
  • En casa, el móvil estará en el salón o en otro sitio a la vista de todos. Nada de meterlo en la habitación especialmente por la noche.
  • Parte de la paga irá para cubrir los gastos del móvil. Es imprescindible que el adolescente aprenda a controlar el gasto. Si hiciera falta se puede aumentar la asignación un poco, lo importante es que aprenda que un móvil cuesta dinero y que hay que hacerse cargo.
  • Mantenerlo apagado cuando no se vaya a usar. Se puede encender a lo largo del día para ver si hay llamadas o mensajes, o si se necesita usarlo para telefonear. Después hay que apagarlo.
  • Mientras se esté hablandojugandoestudiandocomiendo o cenando el móvil no estará encendido. Se evita así distracciones en momentos clave del ámbito familiar.
  • Las mismas reglas que se exigen al niño deben aplicárselas los padres. Los adultos deben ser prudentes con su conducta y coherentes con sus reglas.
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Hay que poner límites, hay que saber que lo que para los padres es una herramienta de protección y control, para los hijos es mucho más. Si lo piden y lo ansían hay que valorar la edad, la madurez y la capacidad del menor antes de regalarlo. Sorprendente fue el contrato que una madre estadounidense hizo firmar a su hijo de 13 años para regalarle su primer móvil.
Janell Hoffman redactó 18 reglas que su hijo Greg tendría que cumplir si quería tener un móvil y, sobre todo, no perderlo. Entre ellas, Janell le dejaba claro que el teléfono era de ella, que siempre tendría que conocer la contraseña, que no podría utilizar los SMS o mails para decir algo que podría decir en persona, que dejaría el móvil en casa a veces, nada de porno, apagado toda la noche y nada de "tropecientas fotos y vídeos". El contrato terminaba con el siguiente mensaje: "Muchas de las lecciones aquí recogidas no se aplican sólo al iPhone, sino a la vida (...) Confía en tu poderosa mente y en tu gran corazón por encima de cualquier máquina..."
Álava da en el clavo: "No hay ninguna aplicación que supere el abrazo o la sonrisa de nadie. Su mundo no puede ser solo el móvil, el móvil y nada más que el móvil".


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¿Cómo se previene el abuso y la dependencia del móvil?

Mantener un ambiente agradable y dialogante: "Los padres deben escuchar y respetar la opinión de sus hijos. Este respeto es la base de una buena comunicación".

Cuanto más tarde mejor: "Un niño no necesita un teléfono móvil a los ocho ni a los diez años. Solamente cuando tenga la necesidad de moverse independientemente es cuando este instrumento puede serle de utilidad".

El adolescente debería hacerse cargo de los gastos de su móvil: "Cuando a los adolescentes se les hace responsables de los gastos de su móvil y se les obliga a que se lo costeen se está enseñando, tanto a controlar su conducta, como a responsabilizarse de las consecuencias que ésta supone".

Observar el comportamiento del niño: "Mantenerse alerta y observar a los hijos puede ser la mejor estrategia preventiva. En cuanto sospeche que algo negativo pueda estar pasando, no dude en conversar con él y expresarle sus preocupaciones o tomar medidas".

Respetar e interesarse por los problemas del niño: "Los padres deben entender que el uso que sus hijos hacen del móvil es diferente al que realizan los adultos. Pero deben estar atentos ante usos inapropiados y deben ejercer una tarea activa, induciendo hábitos de consumo responsables".

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miércoles, 31 de enero de 2018

INVESTIGACIONES: SE ADELANTA LA PUBERTAD Y SE RETRASA EL FIN DE LA ADOLESCENCIA






¿Adolescentes desde los 10?

El reloj biológico hace tic-tac cada vez más rápido. La pubertad, sobre todo entre las niñas, va acelerada y las consultas de Pediatría se llenan de aitas y amas preocupados porque la infancia se acorta y la adolescencia se adelanta
UN REPORTAJE DE CONCHA LAGO - Lunes, 29 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h
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Una niña es maquillada en el estand de una feria de belleza.
Una niña es maquillada en el estand de una feria de belleza. (AFP)Más texto

    las consultas de los pediatras  hace mucho que han comenzado a llegar pequeñas de 8 y 9 años que ya muestran cierto desarrollo mamario y vello púbico, dos síntomas que anuncian que la pubertad ha dado el pistoletazo de salida. “Aunque los padres acuden con cierta alarma, los pediatras restamos importancia a estos síntomas de pubertad precoz porque es cada vez más habitual ver a edades tempranas la aparición del botón mamario o el crecimiento del vello en el pubis o en la axilas, olor corporal o acné”, señala un pediatra de Atención Primaria, asegurando que la primera menstruación no llega hasta dos o tres años más tarde.
    Amaia es una de esas madres inquietas. Acaba de llevar a su hija Aroa al ambulatorio para preguntar sobre esta cuestión con nueve años recién cumplidos. “Me he preocupado porque un día en la ducha me dijo que le dolía una tetita y también porque hace ya tiempo que tiene bastante vello, pero el médico me ha dicho que me tranquilice que además ella lo lleva bien”, explica.
    La publicación Pediatrics, una de las biblias en este campo, ha recogido recientemente datos muy significativos. Con solo 7 años, el 10% de las niñas blancas en Estados Unidos había empezado su desarrollo mamario. Una cifra que se elevaba hasta el 23% en la comunidad afroamericana y un 15% entre las de origen hispano. Pero no hay que ir tan lejos. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha alertado del aumento de los casos de pubertad precoz en niñas. A juicio de estos expertos, la pubertad precoz afecta fundamentalmente a las niñas -en una proporción diez veces superior que en los niños- y se caracteriza por la aparición de los signos característicos de la pubertad antes de los 8 años en el caso de las niñas y antes de los 9 en los niños. “Hace una década, el inicio de la pubertad en las niñas solía situarse en los 10,8 años, mientras que en la actualidad el principio del desarrollo puberal tiene lugar a los 9,8 años”, explicó la doctora Concha Sánchez.
    Pero la revista médica The Lancet acaba de sugerir, en un artículo de opinión, una teoría todavía más vanguardista y es que la adolescencia no solo se ha adelantado sino que también se ha atrasado, ya que este periodo vital “se extiende ahora desde los 10 a los 24 años”, cinco más de los 19 hasta ahora considerados como el momento de superación de esta etapa de la vida. Ellos aclaran que la adolescencia comienza con la pubertad, biológicamente determinada por la actividad del hipotálamo, que genera hormonas que activan la glándula pituitaria y las gónadas, según describe el artículo.
    Como consecuencia de las mejoras en nutrición y salud, este proceso se ha adelantado en el tiempo, a la vez que el crecimiento del cuerpo y, concretamente, del cerebro, continúa actualmente hasta pasados los veinte años.
    Para ilustrar este asunto, la científica estadounidense Marcia Herman-Giddens investigó los cambios en el inicio de la adolescencia en diferentes épocas. Según su estudio, en 1860, la edad media de inicio de la pubertad en las niñas era de 16,6 años;en 1920, de 14,6;en 1950, de 13,1;en 1980, 12,5 y a partir de 2010 se había reducido a 10,5.
    Entre los responsables de este fenómeno están los llamados disruptores endocrinos, contaminantes que actúan como hormonas en el cuerpo humano que, además, están presentes en productos de consumo diario como cosméticos, aditivos de alimentos, pesticidas y otros.
    COSTE PSICOLÓGICO
    Madurar sexualmente antes tampoco sale gratis a nivel psicológico. “La adolescencia es un tiempo de crisis y de proceso”, subraya la psicóloga Andrea Ruiz. “Supone una reestructuración psíquica para asumir una identidad sexual. Es un tiempo de angustias, inquietudes... Aunque el proceso puede ser largo y duro, la mayoría atraviesan esta etapa sin perturbaciones psicológicas graves”, aclara, a sabiendas de que en esta fase no pasan tampoco desapercibidos problemas como los trastornos alimentarios, la falta de rendimiento académico, o el consumo de alcohol.
    Sin embargo, este nuevo contexto biológico de adelanto de adolescencia también lleva aparejado un retraso de esta etapa. Los científicos de The Lancet aseguran que, en los últimos 40 años, se ha retrasado la adopción de roles y responsabilidades “asociados a la edad adulta”, como el matrimonio, tener descendencia o alcanzar la independencia económica. La prolongación de la fase educativa o la demora a la hora de casarse o tener el primer hijo son algunos de los factores que los autores citan como clave para entender este cambio en el desarrollo juvenil.
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